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El Espíritu y la Iglesia: el espíritu y el pasado de la Iglesia del Nazareno en Cuba

INTRODUCCION

Hablar del Espíritu Santo en la historia de la Iglesia del Nazareno en Cuba no es solo reconstruir hechos, sino discernir su acción viva en medio de nuestro pueblo. Este trabajo propone leer el pasado eclesial no como simple cronología, sino como un testimonio continuo de la presencia del Espíritu, cuyas huellas están en fechas, nombres, decisiones, tensiones y avances. El propio Justo L. González, afirma que: ¨la historia de la Iglesia es la historia del Espíritu obrando en personas muy humanas¨,1 esta brevísima investigación parte de la convicción de que la historia cubana es, ante todo, una historia misional, con un mensaje marcadamente cristiano, de redención y santificación.

La narración que aquí se desarrolla asume el reto de interpretar, más que de compilar. Por eso, nos situamos en un cruce de miradas: experiencias comunitarias, doctrinas heredadas y estructuras institucionalizadas, incluso apreciar la historia más como procesos, que como definidos puntos de inicio.2 La necesidad de contar con una historia eclesiástica presentada con honestidad intelectual, sensibilidad teológica y claridad espiritual ofrece la clave para un pasado relevante e iluminador para el presente y el futuro. Se asume el modelo lucano: investigar con diligencia y escribir con orden, en busca de la verdad, (Lucas 1:3-4) 3

La historia de la Iglesia del Nazareno en Cuba no puede entenderse sin reconocer la obra previa del Espíritu antes de su llegada formal. La gracia preveniente, tan central en la teología wesleyana, se manifiesta también en la historia: en procesos invisibles, en movimientos de fe preexistentes, y en formas diversas de espiritualidad que prepararon el camino para el nazarenismo.4 Por tanto, esta obra se inscribe en una línea de continuidad más amplia, que incluye tantas expresiones cristianas externas como dinámicas internas al pueblo cubano.

Además, este enfoque intenta escapar del peligro de “una sola historia”, como advierte Chimamanda Adichie; ¨La historia de la Iglesia debe ser contada desde múltiples voces, perspectivas y narrativas¨. 5 Alvin Toffler complementa esta visión al señalar que el nuevo analfabetismo no es la falta de lectura, sino la incapacidad de aprender, desaprender y volver a aprender. Este llamado a la desapropiación de estereotipos y lecturas únicas es también una invitación a abrazar la diversidad dentro de la unidad del Espíritu.

Más que una lectura unidireccional o limitada de los hechos, esta propuesta invita a una comprensión analítica y dialógica del origen y desarrollo histórico de la Iglesia del Nazareno en Cuba. Desde una perspectiva crítica, agradecida y reverente, se pretende no solo observar el pasado, sino también discernir en él la acción constante del Espíritu Santo en la historia de un pueblo y de su iglesia. Una iglesia que, en su caminar hacia la santidad, ha sido parte inseparable del pueblo cubano y de su compleja y rica trayectoria histórica.

Desde su identidad teológica y misionera, la Iglesia del Nazareno ha contribuido activamente al testimonio del evangelio en este archipiélago, siendo parte viva del tejido social de la nación.

Antesala y fundamento de la Iglesia del Nazareno en Cuba, acotaciones como punto de partida.

Antes de presentar los tres momentos más relevantes del pasado como indicadores de la acción del Espíritu en la historia de la Iglesia del Nazareno en Cuba —momentos que reflejan uno de los pilares fundamentales de nuestra identidad denominacional: la presencia transformadora del Espíritu Santo—, vale la pena ofrecer unos breves apuntes pneumatológicos y eclesiológicos desde nuestra tradición nazarena y wesleyana.

¿Y cuál Espíritu? Fundamentos pneumatológicos del nazarenismo

La Iglesia del Nazareno afirma en su Artículo de Fe N.º 3 que “el Espíritu Santo es el agente de toda santificación, y testifica al creyente de la obra de gracia entera” (Manual de la Iglesia del Nazareno, 2023–2027).6 Esta convicción no es meramente doctrinal, sino vivencial: el Espíritu no solo convence de pecado y regenera, sino que también purifica, capacita y envía a la Iglesia como testigo del Reino. Para Phineas F. Bresee,7 fundador y primer superintendente general, la obra del Espíritu estaba inseparablemente unida a la santidad práctica y a la misión.8

Con esta mirada al credo de la Iglesia del Nazareno, los ponentes que siguen continuarán profundizando en este tema, examinando la relación entre El Espíritu y la Iglesia desde distintas perspectivas, tiempos, contextos, reconociendo que el pasado es más que historia: es también testimonio del obrar constante de Dios entre su pueblo, de su iglesia, su misión evangelizadora.

¿Y qué de la Iglesia? Una mirada desde la eclesiología nazarena.

La iglesia que somos, la iglesia que soñamos… Es difícil poner estas dos apreciaciones en la misma línea, pues la iglesia casi siempre la percibimos desde nosotros mismos: desde nuestras experiencias, nuestras heridas, nuestras expectativas o nuestras formas particulares de hacer comunidad. Sin embargo, la Iglesia —en su dimensión bíblica, teológica y escatológica— no puede reducirse a nuestras limitaciones humanas. Lo que fue, lo que es y lo que será, experimenta momentos, etapas, tensiones y movimientos que reflejan tanto la fidelidad de Dios como los desafíos históricos del pueblo y de las personas que Él ha llamado. Esta reflexión adquiere un matiz particular: la eclesiología nazarena nace de una teología trinitaria, misional y de santidad, que afirma a la Iglesia como una comunidad redimida y enviada.9

Se invita a ver la Iglesia no como una estructura estática, sino como un cuerpo dinámico, modelado por el Espíritu, sostenido por la gracia y comprometido con la misión del Reino. Por ello, mirar a la Iglesia desde la eclesiología nazarena implica tanto una crítica profética como una esperanza viva: reconocer lo que somos con honestidad, discernir lo que Dios hace en el presente, y participar activamente en lo que Él sueña para su pueblo.

1er ACTO/MOVIMIENTO: Rumbo a Casilda: Huellas tempranas de la fe nazarena en Cuba. (1902 – 1946).

Ya en 1902, llegó a suelo cubano Sara Leona Gardner, considerada hoy la primera misionera nazarena en nuestra isla.

Nacida en el condado de Maury, Tennessee, el 10 de noviembre de 1868, Leona Gardner fue formada en un entorno metodista, influenciada profundamente por su padre, el predicador John Milton Gardner. Desde joven, experimentó la obra transformadora del Espíritu Santo en la experiencia de la entera santificación, un distintivo teológico clave en la tradición wesleyana y, posteriormente, nazarena. Más tarde, se vinculó a la Misión Pentecostal y al movimiento que daría origen al Seminario Trevecca, donde fue capacitada para el servicio misionero.

Gardner fue designada misionera para Colombia, y en enero de 1902 zarpó junto al reverendo John Boaze y su esposa.10 Sin embargo, al llegar a La Habana, recibieron noticias sobre la inestabilidad política en Colombia, y tomaron una decisión que parecería circunstancial, pero que bien puede leerse como una intervención providencial del Espíritu: permanecer en Cuba. Así, casi “por accidente”, se establecieron en la ciudad costera de Trinidad, en el poblado de Casilda,11 donde también existía ya un puerto y que era parte de la entonces provincia de Las Villas, hoy provincia de Sancti Spíritus.12

Aquí emerge un símbolo elocuente: una misionera del Espíritu, enviada a enseñar santidad, llega “casualmente” a una ciudad llamada Trinidad —referencia directa a la doctrina central de la fe cristiana— y se establece en la provincia llamada Sancti Spíritus, “Ciudad del Espíritu Santo”. No puede pasarse por alto esta coincidencia misionera, que nos recuerda que el Espíritu obra en la historia de maneras que escapan a nuestros mapas y planes, tejiendo hilos invisibles entre geografía, vocación y misión.13

En este lugar, Leona Gardner y los Boaze comenzaron la obra evangelizadora, aunque para 1905, el matrimonio Boaze regresó a los Estados Unidos. Gardner, en cambio, permaneció en Cuba durante 23 años, dedicada especialmente a la enseñanza bíblica a niños, pero también ofreciendo clases de inglés para sostenerse y cumplir con las normas migratorias. Su entrega encarnó una eclesiología viva: no una iglesia de edificios ni de estructuras consolidadas, sino una Iglesia como presencia, servicio y testimonio entre los más pequeños.

En 1915, cuando la Misión Pentecostal se integró formalmente a la Iglesia del Nazareno, Gardner ya llevaba más de una década sirviendo. En 1916, el superintendente general Hiram Reynolds visitó Cuba, predicó en Trinidad y Casilda, y conoció de cerca la labor de la Srta. Gardner.

Ella enfrentaba resistencias significativas en Casilda, su área de trabajo: prejuicios contra mujeres predicadoras y oposición de otros sectores religiosos y denominacionalistas con una concepción limitante o restrictivas a las responsabilidades de la mujer en áreas ministeriales, entre ellos los bautistas, considerados como iglesias históricas y de las primeras en llegar y establecerse en Cuba. En una carta a Reynolds expresó: “He tenido que obrar aquí con tantos prejuicios en contra de las mujeres que predican14

Su salud frágil la obligaba a viajar con frecuencia a Estados Unidos, pero su deseo era siempre regresar a Cuba. Finalmente, en 1927, el Departamento de Misiones Extranjeras decidió transferirla a Guatemala. Gardner obedeció y concluyó su ministerio en otro campo misionero y en el cual fue comisionada desde el principio, falleciendo en Nashville, EUA en 1944.

El silencio como obra del Espíritu: entre Trinidad y el misterio de los comienzos

El silencio, lejos de ser ausencia, es también un lenguaje del Espíritu. En contextos como el latinoamericano, marcados por el dinamismo y la religiosidad expresiva, la quietud puede parecer improductiva; sin embargo, en la obra misionera, el silencio puede ser tiempo de siembra profunda, donde Dios actúa en lo oculto y prepara el terreno para futuros frutos. La experiencia fundacional de la Iglesia del Nazareno en Cuba muestra que incluso los periodos sin protagonismo visible estuvieron impregnados de la fidelidad del Espíritu, quien continúa obrando más allá de la lógica del éxito inmediato y de las estructuras visibles.

Aunque no se tiene constancia de una iglesia organizada formalmente por ella en Cuba, su labor sembró una semilla que el Espíritu —como en tantas otras partes del mundo— ha sabido regar y hacer florecer con el tiempo. Su legado no es solo histórico, sino espiritual: una mujer obediente al llamado del Espíritu, sembrando en tierra dura, con fidelidad y esperanza. Su historia encarna el principio del salmo que dice: “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” (Salmo 126:5).

La presciencia Nazarena en Cuba no comenzó con templos visibles y sólidas estructuras en su liderazgo, sino con una obra en muchas ocasiones invisible, pero poderosa en el Espíritu Santo, moviendo corazones, desafiando estructuras y levantando una iglesia en medio de personas humildes y sencillas, con una misionera, una ciudad y una provincia cuyos nombres nos siguen recordando que esta historia sigue siendo del Espíritu Santo, en Trinidad, a las orillas del tranquilo mar del sur de Cuba.

2do ACTO/MOVIMIENTO: Ecos del Espíritu en tiempos de cimentación: El preludio y gestación del nazarenismo cubano. (1946 – 1990)

Aunque transcurrieron dieciocho años de aparente pausa entre la partida de la Srta. Sara Leona Gardner en 1927 y el arribo de nuevos misioneros nazarenos en 1945, la presencia de Cuba nunca desapareció del horizonte misional de la Iglesia del Nazareno en los Estados Unidos. El legado espiritual de la Srta. Gardner no quedó extinguido, sino que persistió como una llama silenciosa, sostenida por la obra invisible del Espíritu. Esta llama, mantenida viva en la memoria eclesial, esperó el momento kairológico en que el Espíritu impulsara un nuevo movimiento hacia la isla.

Es en este contexto que se puede hablar de un segundo momento fundacional del nazarenismo en Cuba, caracterizado ya no solo por una presencia inicial, sino por un proceso de consolidación institucional. Aunque la obra había comenzado en 1902, el año 1946 marca un hito simbólico: el establecimiento formal y organizado de la Iglesia del Nazareno en Cuba. De ahí que, al llegar a este año 2025, celebremos no solo 79 años de institucionalización organizacional, sino también 123 años de presencia misional del nazarenismo en Cuba.

El 10 de noviembre de 1945, el reverendo Lyle Prescott, su esposa Grace y sus tres hijos (Robert, Delia y Elwood) desembarcaron en Cuba, apenas un año después del fallecimiento de la Srta. Gardner. Su llegada fue motivada por el deseo profundo de reavivar aquella incipiente obra plantada en silencio, pero con fidelidad. Reubicados desde otras islas del Caribe tras verse impedidos de servir en Japón por causa de la Segunda Guerra Mundial, los Prescott emprendieron viaje hasta Trinidad. Sin embargo, tras tres meses sin hallar condiciones favorables para reiniciar la labor allí, decidieron trasladarse a La Habana a finales de enero de 1946.

Fue en el barrio habanero de Santo Suárez15 donde comenzaron, literalmente desde la sala de su casa rentada (calle Enamorados No. 360), una escuela dominical el domingo 26 de mayo de 1946. Ese mismo año, Prescott conoció a Guillermo Bolet, hermano del renombrado pianista Jorge Bolet. Su hermana, una misionera evangélica que había fundado una congregación en la Habana Vieja (Calle Villegas No. 520), partió hacia España para continuar su labor misionera, dejando ambas, la congregación y la propiedad.

Por mediación de Guillermo, Prescott recibió tanto la propiedad rentada como la congregación naciente, que se afilió oficialmente a la Iglesia del Nazareno, convirtiéndose en la primera iglesia organizada de la incipiente denominación en Cuba.

A partir de este núcleo inicial, la obra se expandió rápidamente. En marzo de 1947 se adquirió la primera propiedad oficial en Mantilla, 16(que es hoy la iglesia de la Lira), y entre 1949 y 1950 se fundaron varias iglesias, entre ellas la Isla de Pinos (actual hoy Municipio Especial Isla de la Juventud). Durante la década de 1950, otras familias misioneras fortalecieron esta etapa de expansión: los Hall, Spurgeon Hendrix y los Ardee Coolidge, acompañando a los Prescott. Estas familias extendieron la obra a zonas rurales y urbanas cercanas a La Habana:

  • Coolidge fundó en septiembre de 1952 una iglesia en Cataluña, zona rural de La Habana, donde también construyó el templo y la casa pastoral.
  • Hendrix organizó y pastoreó la iglesia de La Ceiba, promoviendo la edificación de su templo.
  • John Hall estableció la iglesia en Santa Clara, en la cual también se levantó un tabernáculo y casa pastoral.

Los frutos de esta etapa fueron notables. En apenas siete años, para 1952, la iglesia contaba con 82 miembros organizados, 26 Escuelas Dominicales con cerca de 600 participantes y una asistencia promedio de 450 personas.

Creación y perdida del Instituto Bíblico Nazareno.

Durante la década de 1950, la Iglesia del Nazareno en Cuba dio un paso audaz de fe al establecer el Instituto Bíblico Nazareno en la finca “La Chorrera”, (un rancho usado para la cría de pollos), y fue adquirida el 17 de mayo 1950, gracias al Fondo de Misión Mundial.

Bajo la dirección del misionero Lyle Prescott y con el apoyo integral de su esposa Grace, se convirtió en un centro de formación pastoral y liderazgo con profundas raíces espirituales.

El nuevo lugar fue dedicado el 31 del mes de octubre de 1951 y las clases comenzaron oficialmente en 1952 con 16 estudiantes, y pronto se sumaron figuras clave como Hildo y Andrés Morejón. El Instituto no solo sirvió como espacio académico, sino también como núcleo del quehacer eclesial: allí se celebraron asambleas, campañas y eventos especiales.

En 1955 se construyó una segunda casa, y el campus albergó a estudiantes y profesores, entre ellos el misionero Coolidge. Fue un tiempo de siembra espiritual y organización administrativa rigurosa, sostenida por la obra del Espíritu en medio de un contexto social y político cada vez más complejo.

Tras funcionar durante 16 años, el Instituto fue expropiado por el Estado cubano en 1966, cuando el terreno fue convertido en una unidad militar. Sin embargo, el Espíritu no fue expropiado. La comunidad nazarena, liderada por Andrés Morejón, se trasladó a una finca en Punta Brava, donde continuaron con clases bajo los árboles y levantaron un templo improvisado en una nave para pollos.

A pesar de la precariedad, la formación no se detuvo: sin paredes ni libros suficientes, con fogones de leña y calzado improvisado, siguió adelante el propósito misional. El Instituto, símbolo de fidelidad y perseverancia, se mantuvo activo no por recursos abundantes, sino por una convicción profunda: la misión del Espíritu no depende de edificios, sino de corazones encendidos por el llamado de Dios.

No obstante, el proceso de consolidación institucional también enfrentó su prueba más severa tras la Revolución Cubana del 1 de enero de 1959. Entre 1959 y 1962, los misioneros extranjeros tuvieron que abandonar el país en un éxodo abrupto que afectó a todas las denominaciones presentes en la isla. La Iglesia del Nazareno, profundamente vinculada a su estructura misionera norteamericana, experimentó una crisis de sostenibilidad, liderazgo y comunicación. El apoyo financiero, los vínculos con las agencias misionales y la guía pastoral foránea fueron interrumpidos repentinamente.

Mesa vacía, Espíritu presente: Liderazgo cubano y fidelidad en tiempos de ausencia.

El 30 de octubre de 1960, salen de Cuba los últimos misioneros nazarenos. Sin previa reunión con el liderazgo, dejan sobre la mesa del comedor del seminario una carta con los nombres del Comité de Emergencia. Por primera vez en su historia, la Iglesia del Nazareno en Cuba quedaba bajo liderazgo exclusivamente cubano. Así, Pedro Morejón Millians (Hildo) fue designado como superintendente nacional en un contexto particularmente difícil para la iglesia cristiana. El número total de iglesias organizadas ascendía a 18, distribuidas en diversas regiones del país. Estas congregaciones incluían: Mantilla, Parcelación Moderna, La Ceiba, Santa Clara, Holguín, Jayamá, Saratoga, Juanelo, Arroyo Hondo, Saavedra, Cataluña, Catalina de Güines, Santiago de las Vegas

Este nuevo capítulo de la incipiente iglesia del Nazareno en Cuba, profundamente marcado por nuevos desafíos en un contexto diferente, demostró una vez más que el Espíritu continúa obrando incluso en panoramas complejos llenos de incertidumbres. Sin asistencia externa, sin estructuras claras y sin visibilidad internacional, la Iglesia del Nazareno en Cuba siguió adelante, se adaptó y fue sostenida por la gracia de Dios, por la obra de su Espíritu. Si los primeros treinta años fueron silenciosos en términos institucionales, esta nueva etapa silenciosa fue ruidosa en términos de testimonio, fidelidad y sobrevivencia.

3er ACTO/MOVIMIENTO: La madurez del testimonio: Comunidad, Espíritu y misión en clave cubana. (1990 – mayo 2025

Se considera sintetizar este periodo de unos 35 años por ser uno de los periodos marcados por una profunda crisis económica y social que afectó a Cuba tras el colapso del bloque socialista en Europa del Este (1989-1991). La desaparición de la Unión Soviética trajo consigo la pérdida de los principales socios comerciales y fuentes de subsidio, dando paso a lo que se conoció oficialmente como; Periodo Especial en Tiempo de Paz. Esta etapa significó para la Cuba, un severo aislamiento económico, acompañada de una reconfiguración ideológica, política y cultural. El modelo socialista enfrentó serios cuestionamientos y, en ese vacío ideológico, muchos cubanos comenzaron a buscar sentido y esperanza en lo espiritual.

Fue en este contexto crítico donde ocurrió un inesperado avivamiento religioso. Los templos, que por décadas habían estado semi vacíos o subutilizados, comenzaron a llenarse de manera espontánea. Este fenómeno fue común en distintas denominaciones cristianas, desde las iglesias evangélicas históricas hasta la Iglesia Católica y, en menor medida, las comunidades ortodoxas. Nuevas denominaciones también emergieron, impulsadas por la apertura parcial al turismo internacional y la llegada de cubanos residentes en el extranjero, que trajeron nuevas expresiones de fe y modelos ministeriales.

Para la Iglesia del Nazareno en Cuba, esta etapa no fue vista como un tiempo de crisis, sino como un Kairós –una oportunidad divina marcada por la acción transformadora del Espíritu Santo. Mientras otras instituciones religiosas debatían sobre nuevos modelos eclesiológicos, la Iglesia del Nazareno se abrió a formas alternativas de ser iglesia, especialmente a través del modelo de Casas Culto o Células de Oración, un reflejo contemporáneo del patrón de la iglesia primitiva (cf. Hechos 2:46-47). Paradójicamente, esta modalidad fue inicialmente tolerada –incluso sugerida– por ciertas instancias gubernamentales, como forma de mitigar las dificultades logísticas (transporte, materiales de construcción, permisos) que enfrentaban las iglesias en la edificación de templos tradicionales.

Este modelo descentralizado permitió una extraordinaria expansión misionera. Se establecieron nuevas (MTP) Misiones Tipo Iglesia, se adquirieron propiedades, y se comenzaron las obras de construcción de instalaciones claves en el (SETENAC) Seminario Teológico Nazareno Cubano. A pesar de las limitaciones económicas, el Espíritu de Dios se manifestó poderosamente en la multiplicación de congregaciones y nuevos puntos de predicación. Las oraciones de décadas (“Señor, llena nuestros templos”) comenzaban a cumplirse de maneras inesperadas: el Espíritu añadía cada día a los que habían de ser salvos (Hechos 2:47).

Desde una perspectiva teológica, este periodo nos confronta con una eclesiología contextualizada, en la que la fragilidad estructural no impidió el vigor espiritual, y en la que la misión se llevó a cabo no desde el poder o el prestigio, sino desde la humildad y la creatividad. La iglesia dejó de depender de templos monumentales –herencia de una teología importada del norte global– y encarnó un modelo misional más dinámico, participativo y cercano a las comunidades.

Además del crecimiento interno, este periodo también fue significativo por ciertos hitos históricos que contribuyeron al mejoramiento de las relaciones entre las iglesias y el Estado cubano:

  • Visita del Papa Juan Pablo II (1998): Considerada un antes y un después en la visibilidad pública de la fe cristiana en Cuba.
  • Celebración Evangélica Cubana (1999): Evento inédito de unidad eclesial, con participación de diversas denominaciones evangélicas.
  • Visitas posteriores del Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco, así como la del Patriarca Ecuménico Bartolomé I, fortalecieron el clima de apertura religiosa y contribuyeron al respeto por la pluralidad confesional en el país.

En este ambiente más favorable, la Iglesia del Nazareno pudo consolidar su presencia pública, profundizar en la formación de líderes, y desarrollar una identidad teológica más identificada en la realidad cubana. Las iniciativas de educación teológica contextualizada y los esfuerzos de evangelización desde las bases dieron testimonio de una iglesia que, en medio de la escasez, vivía la abundancia del Espíritu.

Las estadísticas, lejos de ser simples cifras, narran una historia viva de fe, perseverancia y misión. Reflejan el esfuerzo colectivo de una iglesia que ha transitado por múltiples etapas y contextos, sostenida siempre por la obra silenciosa pero poderosa del Espíritu. En sus 79 años de organización eclesiástica formal y 123 años de presencia misionera en el país, la Iglesia del Nazareno en Cuba ha experimentado un crecimiento significativo que solo puede entenderse a la luz de la acción del Espíritu Santo.

A mayo de 2025, la estructura nacional muestra un cuerpo en expansión y consolidación:

  • Distrito Oeste: 52 iglesias organizadas y 12 Misiones Tipo Iglesia.
  • Distrito Este (establecido en 2013): 62 iglesias organizadas y 11 Misiones Tipo Iglesia.
  • Distrito Noreste (formado en enero de 2022): 32 iglesias organizadas.
  • Distrito Centro (recién creado en enero de 2025): 21 iglesias organizadas y 2 Misiones Tipo Iglesia.

Esto suma un total nacional de 167 iglesias organizadas y 27 (MTP) Misiones Tipo Iglesia, una expresión concreta de cómo el testimonio del evangelio ha echado raíces a lo largo de la isla.

En cuanto a la membresía, se reportan 10,346 miembros activos, testimonio de una comunidad que ha crecido no solo en número, sino también en profundidad espiritual, misión contextualizada y madurez eclesial. Este presente vibrante contrasta con los humildes comienzos en Casilda en 1902, cuando la Srta. Leona Gardner, movida por el Espíritu, reunió una pequeña audiencia compuesta en su mayoría por niños. Aquel puñado inicial sembrado en fe ha dado fruto abundante gracias a la dirección constante del Espíritu que, generación tras generación, ha suscitado vocaciones, impulsado la misión y dado forma a una iglesia cubana con identidad propia dentro del cuerpo nazareno global.

El Seminario Nazareno Cubano está disponible para todos aquellos que se sientan llamados por Dios a prepararse para el servicio, sean nazarenos o no, siempre que cumplan con los requisitos establecidos. El Seminario otorga 5 programas de estudio y 2 en cooperación con el Seminario Nazareno de las Américas (SENDAS).

  1. Diploma en Ministerio Cristiano.
  2. Bachilleratos. Teología Pastoral.
  3. Bachillerato en Pastoral Juvenil.
  4. Bachillerato en Plantación de iglesias.
  5. Licenciatura en Teología.
  6. Maestría en Religión con énfasis en la Misión de la Iglesia – SENDAS.
  7. Maestría en Familia – SENDAS.

CONCLUSIONES

La historia de la Iglesia del Nazareno en Cuba no puede comprenderse sin la acción persistente y renovadora del Espíritu Santo. Desde las primeras huellas de fe en Casilda en 1902, hasta el establecimiento institucional en 1946 con la llegada de los Prescott, el Espíritu ha sido el verdadero protagonista: guiando, llamando, confrontando y consolando a una comunidad en formación.

Más allá de los nombres, estructuras o fechas, lo que sostiene el relato eclesial es la iniciativa divina que sopla vida donde todo parece imposible, que suscita vocaciones en medio de la escasez, y que da forma a un pueblo santo marcado por la esperanza. Mirar el pasado de la Iglesia del Nazareno en Cuba es descubrir cómo el Espíritu no solo acompañó los comienzos, sino que tejió una identidad espiritual encarnada en la fidelidad sencilla de hombres y mujeres que, en cada generación, dijeron “sí” a la misión.


Dr. Alain Montano Hernández 

Pastor ordenado desde 1995, profesor desde 1996 en el Seminario Teológico Nazareno Cubano, con Doctorado en Ministerio (Graduate Theological Foundation y Seminario Evangélico de Teología), dos maestrías en Estudios Bíblicos y en Ciencias y Artes de la Religión con énfasis en Misión de la Iglesia. Actualmente Secretario General de la Sociedad Bíblica Cubana. Su ministerio combina la docencia, la formación ministerial y el liderazgo pastoral en Cuba.


Bibliografía

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Bresee, Phineas F. The Character of a Holy Church. Kansas City, MO: Nazarene Publishing House, 1905.

Calzadilla Correoso, Mirelys (2024) “Una aproximación a la historia de las misiones en la Iglesia del Nazareno en Cuba”, The Asbury Theological Journal: Vol. 79: Núm. 2.

Folleto Valores esenciales de la Iglesia del Nazareno. Kansas City: Casa Nazarena de Publicaciones, 2001.

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Manual de La Iglesia del Nazareno, 2023–2027 (Edición Español). Artículo de Fe N.º 3 y 11: El Espíritu Santo. Kansas City, Casa Nazarena de Publicaciones 2023. Mesoamérica Región – Iglesia del Nazareno. (s.f.). Mesoamérica Región. https://www.mesonaz.org/

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Widmeyer, C. B. “The Nazarene Church and Its Mission,” Herald of Holiness, September 7, 1921.


Notas de Pie

  1. González, J. L. (2014). Breve historia de las doctrinas cristianas. Abingdon Press ↩︎
  2. Los orígenes fundacionales de la Iglesia del nazareno, ha de entenderse más bien como un proceso que como fecha oficial. En realidad, inicia como un movimiento y en octubre de 1895, el reverendo Phineas F. Bresee, D.D., el Dr. Joseph P. Widney y otras 100 personas aproximadamente, entre quienes estaban Alice P. Baldwin, Leslie F. Gay, W. S. Knott y su esposa Lucy P. Knott, C. E. McKee y miembros de las familias Bresee y Widney, organizaron la Iglesia del Nazareno en Los Ángeles, California. (Hodgson, R.
    (2002). Bienvenido a la Iglesia del Nazareno. Editorial Presencia. Pág. 6) ↩︎
  3. “Habiendo investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, me ha parecido también a mí escribírtelas por orden… para que conozcas bien la verdad…” (Lucas 1:3-4) ↩︎
  4. En 1907, La Gran Unión, delegados de la Asociación de Iglesias Pentecostales de América y de la Iglesia del Nazareno celebraron una asamblea general en Chicago (10–17 de octubre), donde acordaron unirse bajo un modelo de gobierno que equilibrara la autoridad supervisora con la autonomía congregacional. El cuerpo unido fue nombrado provisionalmente como Iglesia del Nazareno Pentecostal. Esta unión fue facilitada por
    C. W. Ruth, figura clave del movimiento de santidad wesleyano. Hodgson, R. (2002). Bienvenido a la Iglesia del Nazareno. Editorial Presencia. Pág. 6-7) ↩︎
  5. Una sola historia crea estereotipos; y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que están incompletos. Cuando escuchamos la misma historia una y otra vez, se convierte en la única historia en la que creemos. Este es el peligro de una sola historia; y me trae a la memoria una cita del escritor estadounidense Alvin Toffler: “Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no puedan leer y escribir; sino aquellos que no pueden aprender, desaprender y volver a aprender. Alvin Toffler, Future Shock, Bantam Books, 1970. ↩︎
  6. Manual de La Iglesia del Nazareno, 2023–2027 (Edición Español). Artículo de Fe N.º 3: El Espíritu Santo. Kansas City, Casa Nazarena de Publicaciones 2023 ↩︎
  7. Se recomienda el libro de O. Bangs, C. (s.f.). Phineas Bressee Pastor del Pueblo. Casa Nazarena de Publicaciones. ↩︎
  8. Se puede consultar: https://sermons.logos.com/sermons/1156734-living-in-holiness:-empowered-by-the- spirit y también: https://wesley.nnu.edu/noncanonical-literature/henry-orton-wiley/h-orton-wiley-christian- theology-chapter-29/ ↩︎
  9. Según el Artículo de Fe XI del Manual de la Iglesia del Nazareno (2023–2027), “la Iglesia es la comunidad que confiesa a Jesucristo como Señor, el pueblo del pacto de Dios renovado en Cristo, el Cuerpo de Cristo llamado por el Espíritu a proclamar el Evangelio y a vivir en obediencia a Cristo”. ↩︎
  10. En los apuntes de Roberto Hodgson, comenta que la Misión Pentecostal ya estaba trabajando en América Central para el año 1900, en el Caribe en 1902 y en América del Sur en 1909. Hodgson, R. (2002) ↩︎
  11. En cuanto al nombre de Casilda, cuenta una de las leyendas que en ocasión de recalar a este puerto una pequeña goleta en la que viajaba un matrimonio con su pequeña hija enferma, esta hubo de restablecerse con el clima sano de la costa. Casilda era el nombre de la niña, cuyo padre en agradecimiento bautizó con este nombre a este puerto. El origen del nombre es árabe: significa cantar. Ver más información en https://www.ecured.cu/Casilda_(Trinidad) ↩︎
  12. Algunas fuentes señalan que Leona Gardner, acompañada por los misioneros, arribó a Cuba por el puerto de La Habana, mientras que otras indican que lo hizo por el puerto de Casilda, ubicado en la región sur del país, aproximadamente 350 km de la Habana. Posible que Gardner llegara inicialmente a La Habana y luego se trasladara a Casilda, dado que el puerto habanero tenía mayor relevancia comercial en comparación con el de Casilda. Church of the Nazarene. (2023, November 16). Church in Cuba celebrates its 75th anniversary. https://www.mesoamericagenesis.org/en/church-in-cuba- celebrates-its-75th-anniversary/ ↩︎
  13. Hasta el momento de este trabajo de investigación y según las fuentes consultadas, no se precisa con absoluta claridad la motivación específica de Sara Leona Gardner para viajar y establecerse (a más de 350km de la Habana) en el puerto de Casilda, Trinidad, luego de su llegada a Cuba por el puerto de La Habana en 1902. Calzadilla Correoso, Mirelys (2024) “Una aproximación a la historia de las misiones en la Iglesia del Nazareno en Cuba”, The Asbury Theological Journal: Vol. 79: Núm. 2, págs. 238-281. Disponible en: https://place.asburyseminary.edu/asburyjournal/vol79/iss2/8 y Hodgson, R. (2002). Bienvenido a la Iglesia del Nazareno. Editorial Presencia. (Obra original publicada en 2002) ↩︎
  14. Hasta este momento no se ha logrado acceder al documento original de referencia a la cita ↩︎
  15. Santo Suárez, que es un reparto en la capital, pertenece al municipio Diez de Octubre de la provincia de La Habana. ↩︎
  16. Según las fuentes consultadas, la referencia histórica fundacional de la Iglesia del Nazareno en Mantilla corresponde actualmente a la Iglesia de la Lira. Tanto Mantilla como La Lira son barriadas que hoy forman parte del municipio habanero de Arroyo Naranjo y se encuentra a unos pocos kilómetros de distancia. ↩︎
Publicado en"En Espíritu y en Verdad: La Obra del Espíritu en la Iglesia del Nazareno en Cuba"Conferencias Teológicas