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El Espíritu y el Ministerio

INTRODUCCION

Los términos ministerio y Espíritu nos resultan familiares, pero su profundidad teológica demanda una clarificación urgente en nuestro contexto cubano. Ministerio no es solo lo que hacemos —predicar, enseñar, administrar— sino lo que somos en Cristo por el Espíritu. Me dirijo a ustedes, pastores y líderes, no como espectadores de un concepto abstracto, sino como actores de una realidad espiritual que nos redefine.

Cada escritor del Nuevo Testamento —desde Pablo hasta Juan— moldeó su entendimiento del ministerio desde luchas concretas: la persecución en Jerusalén, la idolatría en Corinto, el cesarismo en Asia Menor. Hoy, en Cuba, enfrentamos nuestros propios desafíos: escasez material, tensiones políticas, la sed de una generación joven que anhela autenticidad. ¿Cómo ser ministros del Espíritu aquí y ahora?

Podemos derivar del estudio del Nuevo Testamento que todos los cristianos somos ministros. Pero esto no significa que todo cristiano esté en el ministerio. Pero, ¿qué es el ministerio? Algunos de los presentes somos pastores y eso es una función en el ministerio. Otros somos profesores, y eso es otra función en el ministerio. Otros somos profesores y eso también es otra función en el ministerio. Pero debemos reconocer que el ministerio es algo más que las funciones que desempeñamos. También es la obra del Espíritu en todos los creyentes (1 Pe. 2:10s). Pero sobre todo es un don y empoderamiento del Espíritu que experimenta todo creyente que es parte del cuerpo de Cristo.

Nuestro contexto de reflexión es Cuba. ¿Cómo afecta nuestro contexto la forma de reflexionar y vivir el ministerio? Estas preguntas involucran un gran desafío para los líderes y congregaciones y también para los que visitamos Cuba.

La iglesia en Cuba afronta desafíos únicos. ¿Cómo construir una teología que nos ayude a entender mejor nuestro lugar y función en este contexto caribeño? Una teología wesleyana del Espíritu y el ministerio nos obliga a hacernos estas preguntas y responderlas en el contexto que hoy tenemos aquí.

El título del tema tiene dos conceptos desafiantes: Espíritu y ministerio. Comenzaré por tratar el tema en la vida y ministerio de Jesús en los Evangelios, luego en el pensamiento paulino y finalmente, en la literatura Apocalíptica. Continuaré entonces con el concepto teológico del ministerio y su mutua relación con el Espíritu .

1. Los Evangelios: Jesús, el ministerio paradigmático

Cualquier teología sobre el Espíritu y el ministerio tiene que derivarse de una teología sobre Jesús y el Espíritu en su ministerio. Cada Evangelio tiene un enfoque  particular sobre el Espíritu y el ministerio, pero son unánimes sobre acontecimientos esenciales del mismo.

Jesús fue concebido por el Espíritu Santo, bautizado y declarado Hijo Amado de Dios en las aguas del Jordán (Mt. 3:13-17; Mc. 1:9-11; Lc. 3:21.22). De esta manera, se identificó con los pecadores para “cumplir toda justicia” (Mt. 3:15). En el bautismo de Jesús el Espíritu y el Padre están presentes. Fue un acontecimiento Trinitario. Luego del bautismo el Espíritu lo impulsó al desierto donde fue tentado por Satán y salió victorioso en el poder del Espíritu (Mt. 4:1-12; Mc. 1:12-13; Lc. 4:1-13). Su victoria no sólo fue contra Satán, sino “en su propia mente y corazón.”1

Mateo y Lucas nos dicen que Jesús fue concebido del Espíritu Santo (Mateo 1:18; cfr. Lucas 1:31). Lucas reporta que después de su bautismo y tentación Jesús inició su ministerio bajo el influjo e impulso del Espíritu (Lucas 4:18), específicamente enfocado en los oprimidos. Los milagros, exorcismos y sanidades fueron realizados en el poder del Espíritu. Todos los aspectos de su vida y ministerio fueron inspirados y empoderados por el Espíritu. Jesús es el alguien inspirado y empoderado por el Espíritu hasta su crucifixión y muerte en la cruz.

Jesús es el Dios encarnado, y el Espíritu le acompañó en cada paso y acto que realizó en su ministerio. Tampoco podemos concebir el ministerio de la iglesia con los hombres y mujeres que la componen sin la inspiración y poder del Espíritu Santo. No hay ministerio sin Espíritu. “…Dios es la fuente de santidad y sólo el Espíritu Santo puede santificar.”2

Entonces, a la luz de todo lo que los Evangelios Sinópticos narran entendemos por ministerio: vivir la vida de Jesús por la inspiración y poder del Espíritu en la tierra. “La experiencia Cristiana del Espíritu no puede ser entendida, aparte de Cristo. La experiencia del Espíritu nunca fue algo diferente del conocimiento de Cristo.”3 Noble escribe que, lo que se desea enfatizar no es la victoria de Jesús sobre el mal, sino más bien su relación con el Padre, y esa relación es una relación en el Espíritu.4

Esto es ministerio: la vida de Jesús dedicada en devoción total al Padre, empoderado por el Espíritu en obediencia. Bajo esta consideración, somos llamados a ser reflejo de aquel a quien seguimos en obediencia.

2. Pablo: El ministerio del Espíritu

Vivimos situaciones que pueden parecerse al pasado, pero no totalmente, y vamos al futuro esperando mejores cosas. Vivimos tiempos de cambio que marcan una era a otra. Me ha tocado vivir esa transición y me entusiasma. Pero, quedan cosas del pasado que no quiero que se vayan, me aferro a algunas de ellas pero, seguramente en el futuro ya no estarán. ¿Dónde nos anclamos? En medio de los cambios vertiginosos de nuestra época el Evangelio no ha cambiado. Jesucristo es el mismo, ayer y por los siglos (Hebreos 13:8RV60). En esta esperanza podemos acercarnos al mensaje de Pablo sobre el ministerio y el Espíritu.

Las cartas Paulinas tienen un aporte  específico sobre el Espíritu, la iglesia y el ministerio. Ha sido de algún modo el punto de partida de un sinfín de movimientos a través de la historia. Pablo en sus diferentes epístolas establece que la vida cristiana y ministerio se viven bajo el influjo e inspiración del Espíritu.

La iglesia es la comunidad del Espíritu que da vida (2 Cor. 3:6). Pablo escribe a los corintios y les dice que, su competencia proviene de Dios: “el cual nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu, porque la letra mata, más el Espíritu vivifica.” (2 Cor. 3:6). En palabras de Roger Hahn, sobre este texto: “El ministerio al cual hemos sido llamados es el ministerio del Espíritu.”5

La obra del Espíritu es dar vida. Pablo declara contundentemente que el ministerio que Dios nos ha dado no viene del esfuerzo y habilidad humanas sino del Espíritu que vivifica. En un mundo donde la inseguridad y el temor reina en muchos corazones nosotros actuamos para traer vida por el Espíritu.  “El Espíritu Santo es alguien que crea vida espiritual y el mismo Espíritu usará su ministerio para entrar en las vidas de las personas en maneras que las cambiará”.6 Pablo lo expresa de la siguiente manera a los corintios:

Pablo predicó a corinto a Cristo crucificado en medio del temor y la debilidad, pero aclara que su palabra fue “…con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Cor 2:4b-5 RV60). No fue el poder imperial que tanta fascinación causa hoy entre muchos creyentes por un influjo pagano de la época, influjo bajo el cual también estuvo Pablo pero al cual no sucumbió. Para el Apóstol esa demostración de poder no era el poder imperial, sino el poder de Cristo en debilidad. Como lo demuestra cuando escribe: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2 Cor. 12:9 REV 60). Una clase de poder que es el poder del Espíritu que da vida y cambia vidas. Y precisamente esto, es lo que entendemos por ministerio del Espíritu.

La iglesia existe por y a través del Espíritu.

Pablo llama al Espíritu, “el Espíritu Santo de la Promesa” (Ef. 1:13; Gál. 3:14). Porque inaugura una nueva era del antiguo al nuevo eón. “El Espíritu es el agente esencial para que los creyentes experimenten y expresen la Salvación que Dios ha llevado a cabo en Cristo; el Espíritu constituye a la Iglesia como el nuevo Pueblo escatológico de Dios, el cual transforma a sus miembros según la imagen de Cristo mediante el fruto que produce en sus vidas; es también el Espíritu quien nos capacita en la adoración para animarnos y edificarse unos a otros.”7

3. El mensaje de Apocalipsis: escuchar antes de actuar

Juan escribe a las siete iglesias, a siete ángeles o mensajeros que eran sus pastores. A ellos van dirigidas cada una de las exhortaciones (Apoc. 2-3). Al final de cada mensaje se repite la fórmula: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.” (Apoc. 2:7,11, 17, 29; 3:6, 13, 22). En algunos casos no hay reprimenda, sino reconocimiento y ánimo. Se le dice a cada pastor (gr. angelos), y congregación que oigan lo que el Espíritu dice. Es el Espíritu de la palabra profética quien habla a la iglesia. Es un imperativo para cada congregación.

El silencio como el espíritu de la profecía                        

Una característica esencial del ministerio es la disposición de escuchar al Espíritu. Oír es una características fundamental. Antes que predicar, la prioridad es escuchar. Al Espíritu se le escucha a través de las Escrituras en oración, silencio y soledad, etc. Totalmente contrario al espíritu de nuestro época con su sentido de urgencia y activismo que no nos permite detenernos, abrir espacios de quietud y silencio para oír. Si algún tipo de renovación debemos experimentar en el ministerio es aquel que por inspiración del Espíritu somos introducidos a un estilo de ministerio sabático. Esto significa, parar de nuestro activismo “ministerial” para permitir que el Espíritu nos hable y nos inspire. Se trata de una práctica contracultural de resistencia cultural.

Quizá nos preguntemos: ¿Cómo podemos “ministrar” a nuestras congregaciones sin hablar? Paradójicamente Juan está escribiendo el Apocalipsis en la isla de Patmos, encarcelado, “retirado” y en asilamiento. En esas circunstancias Juan ministra a las iglesias y sus líderes para escuchar el Espíritu y se los reitera en siete ocasiones diciendo: “El que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apoc. 2:7,11, 17, 29; 3:6, 13, 22).

4. Juan, el Espíritu y el ministerio.

El Evangelio de Juan también hace un aporte importantísimo al Espíritu y el ministerio que lo distingue de las otras Escrituras. Juan nos dice que el Espíritu procede del Padre quien lo da a Jesús quien también lo imparte a sus discípulos (Jn. 15:26; 20:22). Algunos aspectos que considerar que Jesús enseñó a sus discípulos son los siguientes:

a. El Espíritu guía a toda verdad (Jn. 16:13; cfr. 23-24). El mismo Espíritu guía a toda verdad. No podemos extraviarnos si escuchamos su voz. La parábola del pastor y las ovejas enseña muy bien esta verdad (Juan 10:1-21).

b. El Espíritu enseña y recuerda (Jn. 14:26). Mientras Jesús habla de su partida les dice a sus discípulos que el Espíritu le enseñará y recordará todas las cosas que les ha enseñado. Como Jesús, el Espíritu enseña, pero también recuerda.

c. El Espíritu nos empodera para dar testimonio (15:27). Ante la partida de Jesús el Espíritu da testimonio y es enviado para que los discípulos den testimonio de Jesús. El empoderamiento es poder para dar testimonio de una vida transformado por el poder del Espíritu.

d. El Espíritu nos ayuda a hacer mayores obras que Jesús (Jn 14: 12-14). Jesús dice que cuando él se vaya sus discípulos harán mayores obras que él. La promesa es garantía de la obra empoderadora del Espíritu en sus vidas.

Cada función del Espíritu que Jesús prometió a sus discípulos también es para nosotros. No hay nada teórico en ellos, por el contrario son muy prácticos. Tienen implicaciones profundas en la forma en que practicamos el ministerio.

5. El Espíritu y el ministerio en el pensamiento wesleyano.

Ahora que hemos dado un vistazo a los Evangelios, Pablo y Apocalipsis pasamos a considerar la contribución del pensamiento wesleyano al Espíritu y el ministerio.

Una gracia personal

Un concepto fundamental de la teología wesleyana es la gracia. La noción de gracia en el pensamiento de Wesley a diferencia de algunas creencias contemporáneas populares no es un tipo de energía. Para Wesley la gracia es la presencia y el poder del Espíritu obrando en la vida del creyente. En “Instrucciones para los niños” definió la gracia simplemente como el poder del Espíritu Santo capacitándonos a creer, amar y servir a Dios”.8 Pero, su gracia divina no es una fuerza impersonal, sino la persona misma del Espíritu Santo obrando. Así que, la gracia es una persona actuando en nuestras vidas y el ministerio.

La creencia Wesleyana y Bíblica es que la presencia personal del Espíritu Santo es lo que hace posible el amor que transforma nuestras vidas y de la congregación (Rom. 5:5). El tema “El Espíritu y el ministerio” es una forma de decir cómo la gracia de Dios que es el Espíritu, transforma vidas a la semejanza de Cristo y usa a la iglesia con los dones recibidos para ese fin (2 Cor. 3:17-18).

En la teología Wesleyana la expresión más evidente de la gracia de Dios es el amor, el Espíritu Santo derrama el amor de Dios en nuestros corazones (Rom. 5:8). El amor personal de Dios se manifiesta esencialmente en nuestras relaciones personales con Dios y nuestro prójimo. El amor es un concepto esencialmente personal y relacional. El Dios Trino es su fuente, quien nos interpela y su propósito se completa con nuestra respuesta positiva a ese amor, amándole a él y a nuestro prójimo como Cristo lo hizo.

El Espíritu inspirador

Un concepto que debemos considerar del pensamiento de Wesley sobre el Espíritu es el de la inspiración. El Espíritu Santo inspiró al ser humano para escribir la Biblia, pero su inspiración continúa con nosotros los lectores y creyentes del siglo XXI. El Espíritu nos empodera para que podamos ser santos, para amar y servir a Dios como es su propósito. Esto sucede según Wesley por inspiración del mismo Espíritu Santo. Él definió inspiración como “la influencia del Espíritu Santo que capacita a las personas a amar y servir a Dios.”9

Dimensiones de la inspiración del Espíritu.

En uno de sus tratados Wesley escribe sobre lo que parece ser que él consideraba eran las dimensiones de la inspiración del Espíritu Santo. Consideremos el texto siguiente:10

Como comenta Maddox,11 la cita hace claro que existe una meta unificadora de la obra del Espíritu Santo y envuelve varias dimensiones que corresponden a la dimensión de la naturaleza y necesidad humana. Wesley organizó estas dimensiones en dos categorías. Primero, partió de la distinción entre la obra del Espíritu con el mundo y con relación a los creyentes (Jn. 16:8). El segundo, fue un contraste entre operaciones ordinarias y los dones extraordinarios del Espíritu. Ahora bien,  si estas dos categorías se superponen el resultado, agrega Maddox, son cinco dimensiones que Wesley creyó emergían de la obra del Espíritu:

  1. Una restauración universal de la Presencia del Espíritu en el mundo;
  2. El testimonio del Espíritu en aquellos que responden a la oferta de una relación restaurada con Dios;
  3. El fruto del Espíritu que se desarrolla en la vida de los creyentes;
  4. La guianza o dirección del Espíritu ofrece a los creyentes; y
  5. Los dones extraordinarios del Espíritu.12

Cada una de estas dimensiones forman parte de la vida en el Espíritu, y el ministerio. El ministerio como Wesley lo entendió debe estar inspirado y empoderado por el Espíritu. Me atrevo a decir que sin está influencia y presencia del Espíritu no hay ministerio. Su entendimiento de la obra del Espíritu es orgánico, así como sus resultados  en el ministerio. Wesley descubrió que el ministerio no es algo exclusivo de los clérigos, sino la vida del Espíritu para toda la comunidad de creyentes el cuerpo de Cristo. No tengo que agregar demasiado al respecto cuando por testimonio personal soy testigo que la iglesia en Cuba ha entendido hace décadas un ministerio que lo hacen clérigos y laicos. Todos somos la comunidad del Espíritu. Una actividad como esta conferencia teológica podría estar abierta a toda la iglesia sin distingos.

Sobre el primer punto, mencionado arriba que trata de la restauración universal de la Presencia del Espíritu en el mundo. Primero, este punto corrige nuestra visión estrecha de la acción salvadora de la gracia que si bien se enfoca en el ser humano, no está limitado por él, sino que se extiende a la creación que también participa de la redención de los hijos de Dios (Rom. 8:21). Segundo, su presencia activa convence a los no creyentes de pecado, porque la gracia preveniente de Dios actuando a través de su Espíritu obra eficazmente en ellos. Se trata de una “restauración parcial de la Presencia divina en la vida humana, por virtud de la expiación de Cristo. Nos capacita para responder y nos despierta a una plena conciencia de pecado. Si recibimos esta gracia nos abrimos a otras dimensiones más profundas de la inspiración Divina.” 13

El papel del pastor y de toda la congregación es tener muy claro que aun antes de que salgamos a evangelizar a la calle o atender un grupo pequeño en casas, esa gracia convincente del Espíritu está trabajando activamente. El Espíritu va antes que nosotros y esto debería llenarnos de optimismo para hacer mejor nuestro ministerio (Jn. 1:9).

Tercero, el testimonio del Espíritu. Esta obra e inspiración en el corazón del creyente es tratada en Romanos 8 y Gálatas 3:1-5; 4:6, principalmente. Fue un concepto central en el pensamiento de Wesley. El testimonio del Espíritu es en los términos de Wesley una “impresión” interna y directa en el creyente. Y es la base de nuestra respuesta, a la iniciativa de Dios.

En resumen podemos decir que “Wesley no entendió el testimonio del Espíritu como una comunicación verbal etérea, sino como un testimonio interno de amor misericordioso que evidencia nuestra relación restaurada con Dios. Esto implicaba a Dios dándose a sí mismo a nosotros al punto donde podemos sentir la misericordia y amor Divinos en una manera análoga a nuestra conciencia de nuestros propios afectos y tendencias.”14

Pero, Wesley precisó que el testimonio directo del Espíritu era  la manifestación del amor de Dios y base de nuestra respuesta que nos capacita para crecer a semejanza de Cristo.  Este testimonio directo del Espíritu nos interpela para responder y experimentar el testimonio indirecto que es el fruto del Espíritu y nuestra respuesta emocional, pero que pudiera estar ausente de tales experiencias.

Cuarto, el fruto del Espíritu. Ambos, el testimonio y el fruto están vinculados. El ministerio es el don de gracia y la respuesta humana por el influjo del Espíritu inspirando  y formando a Cristo en la comunidad. Ministerio no es algo que hacemos primero con nuestras capacidades, sino lo que el Espíritu hace por inspiración en las vidas humanas de creyentes y nos llama a participar o colaborar. Ministrar, no significa que hacemos a Cristo presente cuando predicamos o le adoramos, sino porque Cristo está presente en el poder del Espíritu es que podemos ministrar, predicar y adorarle.

El fruto del Espíritu no es una clase de emoción especial, Wesley lo entendió como algo más profundo que llamó temperamentos, de los cuales fluyen nuestros pensamientos, palabras y acciones. Ministerio y Espíritu implican para el creyente renovación de nuestros corazones por participación con la naturaleza Divina (2 Pedro 1: 4).

Finalmente, el fruto del Espíritu no es inherente a la naturaleza humana, sino algo que fluye de la presencia inspiración empoderadora del Espíritu Santo en nuestras vidas.15

Cinco, la guianza del Espíritu. Se trata de aquellas decisiones y acciones personales inspiradas por su presencia. En polémica con los Cuáqueros Wesley rechazó la inclinación a elevar el Espíritu como la regla de la vida cristiana; más bien, el Espíritu nos guía y siempre de acuerdo con la regla de la Escritura. No deberíamos temer hablar de la guianza del Espíritu siempre y cuando esa guianza no esté sobre la Biblia, sino con ella. Así que lo que no está con la Escritura está con ella y ella con esto. Sin el Espíritu la letra de la Escritura está muerta. Necesitamos su inspiración para que nuestros oídos se abran y nuestros ojos puedan ver.

Por último, los dones del Espíritu. Wesley distingue entre dones ordinarios vigentes y dones extraordinarios. Los primeros se relacionan específicamente con las funciones de pastores y maestros, (Efesios 4:11). Mientras que los dones extraordinarios abarcan: profeta, apóstol, milagros, predicciones del futuro, la interpretación milagrosa de lenguas.

Creo que mucho de lo que ha influenciado e interesado a la iglesia contemporánea tiene que ver con esto ultimo más que los tres primeros dimensiones. El interés de Wesley estuvo en los primeros como prioridad para la formación cristiana. No descuidó el asunto de dones pero los puso en perspectiva. De hecho él creía que el avivamiento con la participación de laicos y mujeres sin casi la necesidad de clérigos era algo extraordinario obrado por el mismo espíritu.

El Espíritu del ministerio genera vida, perdón y reconciliación; también gozo y vida abundante para los ministros y el ministerio. “El ministerio es la respuesta a la misión de Dios en el mundo.”16

Conclusión

¿Qué podemos decir, entonces, sobre el Espíritu y el ministerio? Si Jesús no dio un paso sin el acompañamiento, inspiración y poder del Espíritu, tampoco nosotros debemos hacerlo. Su Espíritu es un don gratuito y su inspiración y poder obra en nosotros por pura gracia. El ministerio es un medio por el que participamos de las acciones de Dios en el mundo a través de la inspiración y poder del Espíritu Santo. Colaboramos sinérgicamente con Dios, el padre, el Hijo y el Espíritu Santo para hacer manifiestas las obras de Dios.


Dr. Marco Antonio Velasco Sosa 

Nacido en México, presbítero desde 1990 y pastor por 27 años. Actualmente es Vicerrector Académico de la Universidad Nazarena del Continente Americano en Costa Rica, antes SENDAS. Posee estudios en Teología, Sociología y Orientación Familiar, con un Doctorado en Ministerio (2017). También ha sido profesor, decano académico en SENAMEX Campus Dto. NorOcc. de México, director Campus Dto. Sur de México.


Notas de Pie

  1. Noble, Th., Holy Trinity, Holy People. USA: Didsbury Lectures Series., p. 185 ↩︎
  2. Ibid., p.185. ↩︎
  3. Ibid., p. 184 ↩︎
  4. Ibid., p. 186 ↩︎
  5. Hahn, R. Ministry in Ambiguous Times. USA: NTS Press. 2023. p.7 ↩︎
  6. Ibid., p. 8 ↩︎
  7. Fee, G.  Pablo, el Espíritu y el Pueblo de Dios. Miami: Editorial VIDA, 2007, p. 19 ↩︎
  8. Maddox, R. Responsible Grace: John Wesley´s Practical Theology. Nashville: Kingswood books, 1994, p. 120 ↩︎
  9. Ibid., p. 121 ↩︎
  10. Wesley, J. Obras de Wesley, Tomo VIII. Tratados teológicos. Carta a un Católico Romano. USA: Wesley Heritage Foundation, Inc. (s/f). p. 174 ↩︎
  11. Op. cit., Maddox, p. 123 ↩︎
  12. Op. cit., Maddox, p. 123
    ↩︎
  13. Ibid., p. 123 ↩︎
  14. Ibid., p. 129 ↩︎
  15. Ibid., p. 132 ↩︎
  16. Dalton, R. Discovering Christian Ministry. Theology and Practice. USA: Beacon Hill Press.2015, p. 11. ↩︎
Publicado en"En Espíritu y en Verdad: La Obra del Espíritu en la Iglesia del Nazareno en Cuba"Conferencias Teológicas