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Perspectivas bíblicas del inmigrante en la misión de Dios – Parte Uno

La Organización de Naciones Unidas (ONU) estima que hay alrededor de 21 millones de refugiados y personas desplazadas alrededor del globo terrestre. Claro está que esta cifra no incluye los millares que inmigran de zonas rurales a las ciudades del mundo, ni las que voluntariamente inmigran de una región a otra o de una nación a otra buscando mejores condiciones de vida. Sumando dichas categorías, se estima que habrá por lo menos 50 millones de personas que han salido de un lugar para inmigrar a otro. Cabe observar, entonces, que en este nuevo siglo hay un movimiento humano alrededor del globo más grande que jamás se haya visto en la historia humana. Y Dios está llamando a la iglesia – y presentándole una oportunidad maravillosa – a unirse en solidaridad con inmigrantes, extranjeros, advenedizos, forasteros, y allegados de todas las naciones que rodean la iglesia de Jesucristo en todas partes del mundo.

Palabras clave

Inmigrante, extranjero, advenedizo, forastero.

Introducción

Sabemos que siempre en la historia de la humanidad se han visto grandes movimientos de pueblos y gentes de un lugar a otro. Inclusive en nuestro continente latinoamericano conocemos las historias de nuestros pueblos ancestrales, antiguos y modernos, historias que incluyen relatos de las inmigraciones periódicas: de norte a sur, de oriente a poniente, del sur al norte, del occidente al oriente, de zonas rurales a las ciudades, de ciudades medianas a ciudades grandes, etc. Hay diversas categorías de inmigrantes. Por ejemplo, hay inmigrantes que han tenido que huir de situaciones socio-económicas y políticas muy negativas. Hay miles de personas que han huido de dictaduras, guerras civiles y guerras internacionales. Hay inmigrantes que se mudaron de un lugar a otro a la fuerza, por la esclavitud. Hay inmigrantes que voluntariamente buscan mejoras en sus condiciones de vida. Hay inmigrantes que forzosamente han tenido que huir de grandes desastres naturales. Y hay inmigrantes que han contribuido grandemente a las nuevas naciones hacia donde han inmigrado en términos, por ejemplo, de tecnología, ciencia, industria, nuevos aspectos culturales, educación, agricultura, y mucho más. Las misiones establecidas por las órdenes misioneras Católico-Romanas en California durante el siglo XIX son un ejemplo de esta clase de inmigración.

Como integrantes del capítulo del sur de California de la Fraternidad Teológica Latinoamericana, al pensar en el tema de inmigrantes/extranjeros/as (I/E)2 debemos recordar que estamos hablando de nosotros mismos. En Los Ángeles todos somos inmigrantes y/o descendientes de inmigrantes. Yo soy un ejemplo de este fenómeno. Mis abuelos inmigraron de jóvenes con sus padres de Holanda al centro de USA, a los estados de Nebraska y Iowa. Mis padres inmigraron a Chiapas, México. Y yo he inmigrado de México a Los Ángeles. Yo soy inmigrante y descendiente de inmigrantes que en nuestra historia representamos por lo menos tres culturas y cuatro idiomas.

La Biblia presenta varias perspectivas acerca del extranjero y el advenedizo.

A. El extranjero como enemigo

Hay ocasiones cuando la Biblia presenta al extranjero como enemigo de Israel. Ver Is. 1:7; 2:6; 5:17; Mt. 17:25,26; He. 11:39. Pero predomina aún más la perspectiva de que el extranjero y las naciones que rodean el Pueblo de Dios son inmundos, no limpios, impíos, que hacen que el Pueblo de Dios se aleje de la fe verdadera en YHWH, o representan en algunas ocasiones a los que tomarán posesión de las tierras y los bienes de los Israelitas como castigo de Dios por la infidelidad del Pueblo de Dios. Ver, por ejemplo, Gn. 31;15; Lv. 22:12, 13, 25; Nm. 1:51; 3:10, 38; 16:40; 18:4,7; Dt. 17:15; 31:16; 25:5; Jue. 19:12; Neh. 9:12; Job 15:19; Sal. 69:8; Pr. 2:16; 5:10, 17, 20; 6:1; 7:7; 11:15; 14:10; 20:16; 27:2, 13; Ec. 6:2; Is. 1:7; 2:6; 5:17; 61:5; 62:8; Jer. 2:25; 3:13; 5:19; 51:51; Lm. 5:2; Ez. 7: 21; 11:9; 16:32; 28:10; 30:12; 31:12; 44:7,9; Os. 7:9; 8:7; Jl. 3:17; Abd. 11, 12; Mt. 27:7; Jn. 10:5; (En Jn. 10:5 el extranjero es el pastor ajeno al rebaño cuya voz las ovejas no escuchan.); Hch. 17:21; He. 11:39. Esta perspectiva parece mantenerse fuerte a través de los tiempos, a pesar de que en ambos testamentos hay un énfasis aún más fuerte en el papel del Pueblo de Dios como instrumento especial para alcanzar y bendecir a las naciones.

B. El extranjero ha de obedecer la ley de Dios

Al lado de la perspectiva mencionada arriba, hay otra afirmación fuerte de parte de Dios: que el extranjero que vive en medio del Pueblo de Israel habría de obedecer las mismas normas y guardar los mismos mandamientos que los israelitas guardaban. Ver, por ejemplo, Gn. 17:12, 27; Ex. 12:19-49; 20:10, 20; 23:12; 30:33; Lv. 16:29; 17 todo el capítulo; 18:26; 19:33; 20:2; 22:10, 18; 24:16, 21-22; 25:6; Nm. 9:14; 15:15, 16, 26, 30; 19:10; 35:13; Dt. 1:16; 5:14; 14:14, 17, 21, 29; 16:11, 14; 24:14, 17; 18:43; 19:11, 22; 26:11; 27:19; 29: 11, 22; 31:12; Jos. 8:33, 35; 20:9 (en cuanto a las ciudades de refugio); I R. 8 (la oración de David); 2 Cr. 15:9; 30:25 (la oración de Salomón); Sal. 18:44, 45; Ez. 14:7; Hch. 2:10.

Por ejemplo, Lv, 24:21-22 dice:

«Todo el que mate un animal reparará el daño, pero el que mate a un hombre será condenado a muerte. Una sola ley regirá, tanto para el nativo como para el extranjero. Yo soy el Señor su Dios.» (NVI).

C. El cuidado del extranjero que vive entre el Pueblo de Dios

Dios no solamente requiere que se le trate equitativamente y con igualdad al extranjero que vive en medio de Israel, sino que Dios dice que el I/E deberá ser el objeto del cuidado y de la compasión del Pueblo de Dios. En muchos textos de la Biblia se une la idea del I/E con el huérfano y la viuda. Y se exige compasión y cuidado intencional y especial del huérfano, la viuda y el extranjero que vive en medio del Pueblo de Dios. Véase, por ejemplo, Lv. 19:18; 19:33; 25; Dt. 10: 18 (junto con el huérfano y la viuda); 14:21; 16:14; 26:12, 13 (junto con el huérfano y la viuda); 19:11; 27:19 (junto con el huérfano y la viuda); Sal. 94:6 (junto con el huérfano y la viuda); 146:9 (junto con el huérfano y la viuda); Pr. 3:19; Jer. 7:6; 22:3; Ez. 22:7,29; 47:22,23; Zac. 7:10; Mal. 3:5. El Nuevo Testamento enfatiza el amor al prójimo y al enemigo. Ver, por ejemplo, “amarás a tu prójimo” Mt. 5:43; 19:19; 22:39; Mr. 12:31; Lc. 10:27; Ro.12:20 (ref. Pr. 25;21, 22; Ex. 23:4; Mt 5:44; Lc. 6:27); Ro. 13:9; Gá. 5:14; I Ti. 5:10; He. 13:2; Stg. 2:8; 3 Jn. 55.

D. Perspectivas bíblicas del inmigrante en la misión de Dios

Por lo general al pensar en I/E solemos considerar a los marginados y necesitados, los grupos minoritarios, y las gentes no-representadas. Existe en la Biblia un énfasis acertado acerca de la compasión hacia, y el cuidado por, los I/E como receptores/as de un tratamiento justo y compasivo de parte del Pueblo de Dios, del pueblo en general y de los gobiernos. Estas perspectivas bíblicas del I/E son conocidas e importantes.

Sin embargo, la Biblia nos ofrece otras perspectivas distintas del/la I/E/a como partícipe y copartícipe en la misión de Dios hacia las naciones. En esta corta monografía se enfoca el conjunto de perspectivas que miran en forma positiva y creativa a los I/E como agentes activos que contribuyen a la creación de la historia humana y participan en la mediación de la gracia de Dios hacia las naciones.3 No se intenta presentar una teología bíblica exhaustiva acerca de los I/E en la Biblia, ni tampoco representa un estudio detallado y minucioso de todas las narrativas o todos los pasajes bíblicos concernientes al tema. Lo que se pretende es presentar un panorama amplio, o sea, seguir un hilo del tapiz de la Biblia4 que sirva en forma bosquejada para señalar la forma en que Dios usa los I/E en su misión hacia las naciones.

Dicho énfasis comienza ya con Abraham, cuya historia es la historia de todos los I/E incluyendo nuestras historias.

“Mi padre fue un arameo errante, y descendió a Egipto con poca gente. Vivió allí hasta llegar a ser una gran nación, fuerte y numerosa. Pero los egipcios nos maltrataron, nos hicieron sufrir y nos sometieron a trabajos forzados. Nosotros clamamos al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestro ruego y vio la miseria, el trabajo y la opresión que nos habían impuesto. Por eso el Señor nos sacó de Egipto con actos portentosos y gran despliegue de poder, con señales, prodigios y milagros que provocaron gran terror. Nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, donde abundan la leche y la miel. Por eso ahora traigo las primicias de la tierra que el Señor tu Dios me ha dado.” (Deut. 26:5-10, NVI).

Cuando la Biblia en primera instancia nos presenta a Abram, nos lo presenta como I/E.

Ésta es la historia de Taré, el padre de Abram, Najor y Jarán….El Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. »Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición.  Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!» Abram partió, tal como el Señor se lo había ordenado, y Lot se fue con él. (Gn. 11: 27-12:4, NVI).

El Pueblo de Dios reconoció que un aspecto importante de su auto-estima, de su identidad como pueblo especial, provenía de ser extranjeros, advenedizos, forasteros, inmigrantes. Véase, por ejemplo, Job 19:15; Sal. 69:8; Ef.  2:12; Col. 1:21. Dios mismo le dice a Abram, «Ten por cierto que tus descendientes serán extranjeros en una tierra que no es suya, donde serán esclavizados y oprimidos cuatrocientos años. Mas yo también juzgaré a la nación a la cual servirán, y después saldrán de allí con grandes riquezas. «(Gn. 15:13-14. LBLA; Ver también Gn. 23:4; 28:4; Ex. 3:13-15; 6:2-4.)

Así que parte integral del llamado misionero de Abraham de ser instrumento de la misión de Dios hacia las naciones implicaba ser forastero, extranjero e inmigrante. Véase, por ejemplo, Gn. 12:10; 15: 13; 17:8; 21:23, 34; 23:4; 28:4; 36:7; 37:1; Ex. 6:4; 1 Cr. 29:15; 37:1; Job 19:18; Sal. 39:12; 69:8; 119:19; Abd. 11; Hch. 13:17; Ef. 2:12, 19; Col. 1:21; He. 11:13; 1 P. 1:1.  Siguiendo esta visión, Lucas, por ejemplo, presenta a Jesús como “extranjero” en su encuentro con los dos que caminaban a Emaús después de la pasión: Lc. 24:18.

 Así que en lo que sigue se examina cómo la Biblia presenta el papel de los I/E en relación a las motivaciones, los agentes, los medios, y las metas de la misión de Dios hacia las naciones.

1. Las motivaciones de los I/E a la misión de Dios hacia las naciones

Hay varias indicaciones importantes en la Biblia que muestran que Dios usa la propia historia del Pueblo de Dios como I/E para motivarlos a participar en la misión de Dios hacia las naciones. Por ejemplo, en Éxodo 22:21 Dios dice:

«No maltrates ni oprimas a los extranjeros, pues también tú y tu pueblo fueron extranjeros en Egipto.» (NVI).

En Éxodo 23:9 Dios repite:

«No opriman al extranjero, pues ya lo han experimentado en carne propia: ustedes mismos fueron extranjeros en Egipto.» (NVI)

En 1 Pedro 2:9-11 el escritor ofrece un eco a esta motivación de ser instrumentos de la misión de Dios hacia las naciones, tomando su visión de la perspectiva de Deuteronomio.

“Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido. Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos en este mundo, que se aparten de los deseos pecaminosos5 que combaten contra la vida. Mantengan entre los incrédulos6 una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación.”7 (NVI).

Además de participar en la misión de Dios hacia las naciones, se tratará al extranjero que vive en medio del Pueblo de Dios con compasión y rectitud porque los Israelitas mismos también fueron forasteros y extraños en Egipto. Así que en Lv. 19:33, 34 es precisamente porque ellos mismos fueron I/E que deben motivarse a tratar con cuidado y compasión al extranjero que vive en medio del Pueblo de Dios.

“Cuando un extranjero8 resida con vosotros en vuestra tierra, no lo maltrataréis.9 “El extranjero que resida con vosotros os será como uno nacido10 entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto; yo soy el Señor vuestro Dios. (LBLA).

Habiendo experimentado la vida del peregrino y forastero, Israel deberá cuidar la tierra con una mayordomía especial porque la tierra pertenece a Dios y no a Israel (Lv. 25:23),

“Además, la tierra no se venderá en forma permanente, pues la tierra es mía; porque vosotros sois sólo forasteros y peregrinos para conmigo.” (LBLA).

Los jueces juzgarán al extranjero sobre las mismas bases como al Israelita (Dt. 1:16) e Israel ha de amar al I/E por 2 razones: (1) porque Dios lo ama; y (2) porque Israel también fue forastero en Egipto (Dt. 10:18-22, LBLA),

“El hace justicia al huérfano y a la viuda11, y muestra su amor al extranjero12 dándole pan y vestido. Mostrad, pues, amor al extranjero, porque vosotros fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto. Temerás al Señor tu Dios; le servirás, te allegarás a Él y sólo en su nombre jurarás. El es el objeto de tu alabanza y El es tu Dios, que ha hecho por ti estas cosas grandes y portentosas que tus ojos han visto. Cuando tus padres descendieron a Egipto eran setenta personas, y ahora el Señor tu Dios te ha hecho tan numeroso como las estrellas del cielo.”

En Deuteronomio 23:7 se le manda a Israel que:

“No aborrecerás al edomita, porque es tu hermano13; no aborrecerás al egipcio, porque fuiste extranjero en su tierra.” (LBLA).

Este aspecto de la auto-estima de Israel como pueblo peregrino tenía profundas implicaciones espirituales y existenciales. En su oración acerca del templo que su hijo Salomón construiría, David reconoce que el Pueblo de Dios es un pueblo I/E 1 Cron. 29:14-15,

«Pero, ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que podamos darte estas ofrendas voluntarias? En verdad, tú eres el dueño de todo, y lo que te hemos dado, de ti lo hemos recibido. Ante ti, somos extranjeros y peregrinos, como lo fueron nuestros antepasados. Nuestros días sobre la tierra son sólo una sombra sin esperanza.” (NVI).

Es precisamente por ser extranjeros y advenedizos que Dios oirá el clamor del salmista en Sal. 39:12; 119:19. Ver también Jer. 35:7; 1 P. 1:1 y 2:11.

¡Qué poderosa pudiera ser esta motivación para animar a nuestras iglesias a participar en la misión de Dios local y global del movimiento del Espíritu Santo, porque nosotros también fuimos, y somos I/E!  Me parece una gran lástima, y yo lo considero una omisión pecaminosa, que muchos inmigrantes y descendientes de inmigrantes en el sur de California se hayan olvidado de lo que son, que ellos mismos son I/E, un olvido que parece producir una actitud tal que los que somos I/E y descendientes de I/E demostremos poca o ninguna compasión ni receptividad hacia los I/E recién llegados a nuestras vecindades y comunidades.

2. Los I/Es como agentes de la misión de Dios hacia las naciones

Un segundo aspecto de esta perspectiva misionológica e instrumental del I/E en la misión de Dios tiene que ver con la forma en que se presentan a diversos personajes en la Biblia como agentes de la misión de Dios precisamente porque son I/Es. Señalaremos algunos ejemplos.

El primer ejemplo ya lo hemos mencionado. Precisamente en su llamado a dejar su tierra y su parentela y peregrinar hacia una nueva tierra que Dios le señalaría, precisamente en ser I/E, es Abraham. Él sería instrumento útil en la misión de Dios hacia las naciones. Ser I/E, forastero y advenedizo es una auto-estima tan fundamental para la familia de Abraham que Isaac también lo escucha como parte de la visión de Dios para él, una auto-estima que significa ser instrumento de la misión de Dios hacia las naciones. Así que Dios le dice a Isaac en Gn. 26:2-6.

“Allí el Señor se le apareció y le dijo: «No vayas a Egipto. Quédate en la región de la que te he hablado. Vive en ese lugar por un tiempo. Yo estaré contigo y te bendeciré, porque a ti y a tu descendencia les daré todas esas tierras. Así confirmaré el juramento que le hice a tu padre Abraham. Multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo, y les daré todas esas tierras. Por medio de tu descendencia todas las naciones de la tierra serán bendecidas, porque Abraham me obedeció y cumplió mis preceptos y mis mandamientos, mis normas y mis enseñanzas.» (NVI).

Esta perspectiva bíblica del I/E como agente de la misión de Dios se vuelve cada vez más amplia y profunda al través de la historia de Israel. Reconocemos que la historia de José nos vislumbra esta perspectiva. Vendido como esclavo y enviado a Egipto, José forzosamente se vuelve un I/E. José experimenta las calumnias, la falta de derechos, las falsas acusaciones, la prisión, y el olvido como muchos otros I/Es lo han experimentado. Pero precisamente como I/E, José salva a su familia del hambre, salva a todo Egipto y da de comer a todos los pueblos que rodean Egipto. Egipto crece en su influencia y poder internacional precisamente por la labor que este extranjero inmigrante hace en las salas de poder de Egipto. Él se adapta tan completamente a su nueva cultura que sus propios hermanos no lo conocen. Al final, José mismo reconoce su papel especial como I/E cuando les dice a sus hermanos en Gn. 26:1-5,

“Yo soy José, el hermano de ustedes, a quien vendieron a Egipto. 5Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas. Desde hace dos años la región está sufriendo de hambre, y todavía faltan cinco años más en que no habrá siembras ni cosechas. Por eso Dios me envió delante de ustedes: para salvarles la vida de manera extraordinaria y de ese modo asegurarles descendencia sobre la tierra. Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes. Él me ha puesto como asesor del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto.”  (NVI).

La Biblia desarrolla esta perspectiva en un número significativo de narrativas de personas que Dios usa precisamente como I/E. Pudiéramos mencionar a Daniel en su papel misionológico en Babilonia, otro administrador que, como I/E, es agente especial de la misión de Dios, aunque al inicio de la historia es un prisionero exiliado, un misionero transcultural contra su propia voluntad.

Pudiéramos mencionar también a dos mujeres que Jesús señala en Lucas 4 como agentes especiales de la misión de Dios y ambas son I/E: una es viuda y otra es niña. Fueron la viuda de Sarepta de Sidón (1 R. 17:8-16) y una jovencita israelita, tomada como esclava por Naamán el sirio por cuya agencia Naamán se sana de la lepra (2 R. 5:1-14). Precisamente como mujeres extranjeras Dios las usa en su misión entre las naciones.

Interesante que, durante el exilio en Babilonia, el Pueblo de Israel tenía que escoger entre dos perspectivas: por un lado, verse como víctima, tal que, según Salmo 137:4, los israelitas — como cautivos en Babilonia — lloran, diciendo, «¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?” O, por otro lado, podían escoger una auto-estima como agentes activos de la misión de Dios, aún siendo extranjeros en una nueva nación. Es fascinante que, en la misma época, con referencia a las mismas personas durante el mismo exilio, en el mismo contexto, Dios dice en labios de Jeremías, » “Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis. Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vuestra paz (shalom).” (Jer.  29:6-7 RV60).

Pudiéramos mencionar a Ester, una mujer de descendencia I/E que se adapta tan bien a su nueva cultura que es escogida para ser parte del harén del rey de Persia. Y aún como I/E, Ester se deja usar por Dios no solo para salvar a su pueblo, sino que en toda Persia se llega a conocer acerca del Dios de Israel, y Mardoqueo el judío, el I/E, ejerce gran influencia en ese reino.

De tener espacio y tiempo, pudiéramos mencionar a David, exiliado entre los Filisteos, un I/E que Dios usa entre los Filisteos. David llega a ser el compañero en armas y consejero de Aquis rey de Gat. Pudiéramos mencionar también dos mujeres que Jesús señala en Lucas 4 como agentes especiales de la misión de Dios y ambas son I/E: una es viuda y otra es niña. Fueron la viuda de Sarepta de Sidón (I R. 17:8-16) y una jovencita israelita, tomada como esclava por Naamán el sirio por cuya agencia Naamán se sana de la lepra (2 R. 5:1-14). Precisamente como mujeres extranjeras Dios las usa en su misión entre las naciones.

Con razón en el Nuevo Testamento con facilidad se toma nota de que Jesús mismo fue un I/E, exiliado de niño a Egipto. Lucas hace recordatorio de esto cuando en labios de unos de los dos que caminaban a Emaús se le denomina a Jesús como “forastero” (Lc. 24:18).

Esta perspectiva del I/E como agente de la misión de Dios parece ser tan fuerte que Ezequiel habla de que Dios usa a los extranjeros mismos en su misión de juicio en contra de Israel cuando Israel rehúsa ser instrumento de Dios para las naciones (Ez. 28:7). Esa visión recibe eco en Habacuc 1:5-6 donde Dios dice que usará hasta los Caldeos en su misión. Es Asombroso que Pablo, en su primer sermón en el cual él desarrolla su misionología, hace mención de este mismo pasaje de Habacuc (Hch. 13:41). Véase también la forma en que Isaías afirma que, por la infidelidad de Israel, Dios usa otras naciones en su misión (Is. 61:5).

¿Será posible imaginarnos lo que Dios quiere hacer por medio del pueblo Hispano/Latino como agentes de su misión en la re-evangelización de Norteamérica y Europa?. . .[continúa en el siguiente numero de la Revista]


Dr. Carlos E. Van Engen

Es misiólogo y teólogo latinoamericano, nacido en México. Sirvió con su esposa Juanita en la Iglesia Nacional Presbiteriana de México en educación teológica en Chiapas. Carlos es profesor de teología bíblica de la misión, doctor en teología y misiología por la Universidad Libre de Amsterdam, Holanda. Es autor de numerosos escritos y sus publicaciones en castellano incluyen: Hijos del pacto; Pueblo misionero de Dios; Misión en el camino; El anuncio del reino; La iglesia latinoamericana: su vida y su misión y Principios de compañerismo en misión. 

Referencias:
1  “2005 Global Refugee Trends,”  http://www.unhcr.org/statistics, 2006.

2 De aquí en adelante, para ahorrar espacio, usaré las siglas I/E para referirme a inmigrantes/extranjeros/as de diversas categorías y circunstancias. Esta sigla incluye mujeres, hombres y niños. Sabemos que una mayoría de los inmigrantes son mujeres y niños. La feminización de la pobreza es una realidad de nuestro mundo en el siglo XXI.

3 Sigo aquí el espíritu de Paulo Freire que nos enseñó la gran importancia y la dinámica transformadora de concientizar al pueblo tal que los pobres y marginados comienzan a vislumbrar la posibilidad de que ellos mismos pueden ser agentes activos de su propia historia y constructores de su propio destino. Véase, por ejemplo, entre varias otras obras afines, Paulo Freire, Pedagogy of the Oppressed (New York: Herder and Herder, 1970).

4 En relación a una lectura de la Biblia como un tapiz que presenta la missio Dei en forma narrativa, véase Charles Van Engen, Mission on the Way: Issues in Mission Theology (Grand Rapids: Baker, 1996)., 17-43; y el curso “Perspectivas Bíblicas de la Missio Dei» que se da en el Programa Doctoral Latinoamericano (PRODOLA).

5 2:11 pecaminosos. Lit. *carnales.

6 2:12 incrédulos. Lit. *gentiles.

7 2:12 de la salvación. Alt. del juicio. Lit. de la visitación.

8 O, peregrino, y así en el versículo 34

9 Ex. 22:21; Dt. 24:17, 18

10 Lit., un nativo

11 Ex. 22:22-24; Sal. 68:5; 146:9

12 O, peregrino; y así en el vers. 19

13 Gn. 25:24-26; Abd. 10, 12

Publicado enLa Misión de la IglesiaTeología Bíblica

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